Los estigmas que han excluido la salud mental durante años
«¿Contarle yo mis problemas a un desconocido? ¿Me va a conocer mejor que yo? ¡Eso no vale para nada! ¡Estoy bien! ¡No necesito ir al loquero!»
Estas y muchas otras frases han acompañado a la psicología durante décadas, creando barreras para quienes realmente necesitan ayuda. La falta de información y los prejuicios han llevado a que la salud mental quede en un segundo plano, afectando la calidad de vida de muchas personas.
Vivimos en piloto automático sin saber qué nos pasa
Muchas veces, nos encontramos atrapados en una rutina donde ignoramos nuestras emociones y necesidades. No sabemos cómo afrontar los problemas con nuestros hijos, por qué nuestra relación de pareja nos recuerda a la de nuestros padres o si el nudo en la garganta es rabia o tristeza. Actuamos por inercia, sin darnos cuenta de cómo nos afecta emocionalmente nuestro entorno y nuestras decisiones.
Es común no reconocer nuestras propias emociones y vivir con estrés, ansiedad o depresión sin identificar su origen. Nos acostumbramos a situaciones que nos perjudican, como responder llamadas de trabajo fuera del horario laboral o aceptar relaciones en las que no nos valoran.
La realidad nos golpea: el crecimiento de los problemas de salud mental
De repente, vemos en la televisión que el consumo de antidepresivos ha aumentado y que las tasas de suicidio siguen creciendo. Nos enteramos de que nuestra vecina ha decidido ir a terapia y empezamos a preguntarnos:
- ¿Quizás necesito mejorar mi calidad de vida?
- ¿Debería priorizar mi salud mental?
- ¿El pasado está influyendo en mi presente sin darme cuenta?
- ¿Aunque no haya vivido un gran trauma, necesito ayuda para gestionar mis emociones?
La salud mental no es un lujo, es una necesidad
Es momento de romper con los estigmas y entender que cuidar nuestra salud mental es tan importante como cuidar nuestra salud física. Acudir a terapia no significa ser débil, sino tener la valentía de enfrentarse a uno mismo, mejorar la calidad de vida y encontrar herramientas para gestionar el día a día.
Y ahora dime tú… ¿Vives situaciones así diariamente? ¿Estás dispuesto a priorizar tu bienestar emocional?


